En Galaroza se puede disfrutar de la hermosa visión
de las aguas corriendo por sus calles, como antaño, como cuando docenas
de barrancos y arroyos surcaban las alfombras empedradas que componen el
viario urbano de la localidad. Sus regaderas y manantiales invitan a la
inmersión acuática, a mojarse de cualquier forma.
La
quietud y la tranquilidad contemplativa, que refuerzan las magníficas
condiciones del pueblo como lugar de descanso, daban paso a la algarabía
de los más pequeños, deseosos de mojarse en las regaderas. Todos,
incluso los mayores, sienten la atracción de esas aguas para, volviendo a
la niñez de las sandalias de goma, sumergir los pies en ellas.
Actualmente,
las aguas que rebosan por completo las tierras del término municipal de
Galaroza, únicamente tienen un uso agrícola y ganadero, lo cual,
teniendo en cuenta la vinculación esencial de nuestra comarca hacia
estas dos actividades, no es poco. Sin embargo, antiguas iniciativas
industriales fueron empujadas, literalmente, gracias al agua de
Galaroza, como por ejemplo, los molinos de ribera y la producción de
energía eléctrica.
Las aguas de sus arroyos y
riberas llegaron a alimentar hasta 6 molinos harineros, según menciona
Pacual Madoz en su famoso diccionario geográfico y tampoco podemos
olvidar que gracias a una desviación situada en la aldea de Las Chinas,
los ingenieros serranos de principios de siglo idearon un magnífico
sistema para la producción de electricidad, dando con ello lugar a una
empresa emblemática en la vida y la historia de la comarca, como fue
Santa Teresa de Electricidad.

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